domingo, 17 de abril de 2016

Manejar un auto

El niño le vio mientras repara el auto.
-Papá ¿cuándo me va a enseñar a manejar un auto?
-Cuando cumpla los 15.

El niño vivió ilusionado con aquel momento y al cumplir los 15 años presuroso llegó con su padre.
-Hoy es el día ¿me va a enseñar a conducir?

Su padre lo vio por un par de segundo y con ninguna expresión en su rostro le dijo "páseme la llave 10"

El muchacho no supo qué decir, pero por el respeto que le tenía a su padre no se atrevió a preguntar más. Se quedó allí con él mientras reparaba el auto.

Pasaron los 15, 16, 17 años de aquel joven que en silencio esperaba el momento que su padre le enseñara a conducir un auto.

Vio cómo sus vecinos enseñaban a conducir a sus hijos, mientras él acompañaba a su padre a reparar el auto. Sus esperanzas se esfumaron.

Para su cumpleaños número 18 su padre le despertó.
- Levántese, vamos al auto.

Cuando el jóven salió estaba su padre en el asiento del copiloto del auto. Él nerviosamente se sentó en el asiento principal.

-Enciéndalo y vamos a dar una vuelta.

Como por arte de magia, aquel joven hizo todo como si ya supiera conducir un vehículo. Impresionado le pregunto a su padre qué estaba pasando.

-Le enseñé a manejar un auto desde que cumplió los 15: Aprendió cómo funcionaba el embrague; como funcionaba el acelerador, los frenos, el motor entero. Ahora usted sabe lo que pasa dentro de la máquina, por eso conducir el auto se le hace fácil. Usted de niño no me pidió que le enseñara a conducir, sino a manejarlo. Ahora lo maneja, y bien.

Inevitablemente dibujo una sonrisa en mi rostro porque esa genialidad de mi papá me marcó toda la vida. Ahora, soy yo quien enseño a mi hijo a manejar un auto. Donde quiera que esté, gracias papá, muchas gracias.