sábado, 30 de abril de 2016

Asfixiante

Tienes la respuesta a la pregunta que nadie hizo. Te adelantas a hablar cuando tu interlocutor apenas empieza a abrir la boca.  Y de pronto tu cerebro hace corto circuito y como avalancha, las ideas empiezan a bajar con gran velocidad hasta tu boca, que escupe como metralla todo es enunciado que aturde a los oídos y enferma la mente.

No logras ver que tu acompañante está molesto, o si te das cuenta, no te importa. Necesitas hablar, hablar y hablar hasta que tengas que haber dicho todo lo que se te antoja. Es como si quisieras llegar a un orgasmo verbal. Eres sofocante.

Tomas un poco de aire solo para seguir a mayor velocidad diciendo todo lo que se te ocurra. En un momento se te vienen más ideas y abriendo los ojos aceleras las palabras para decir más cosas, estás en éxtasis. 

Cuando te das cuenta que la otra persona se está hastiando, le vuelves la atención tocándole frenéticamente con tu mano hasta que al fin te vuelve a ver y tú, hablas a mayor velocidad.

Ahora corres detrás de la persona que desesperada empieza a caminar poniéndote alguna excusa para que dejes de hablar. Nunca paras, es tu obsesión. Mientras levantas la voz y ves que corre de ti te vuelves abruptamente, y ves para todos lados hasta que encuentras a la distancia a tu nueva víctima a la que, sin tener compasión tomas del brazo y le empiezas a hablar casi al oído.

Así de asfixiante eres, así es como todo mundo huye de ti.