flashazos de amor

Desde que te conocí, te volviste en mi objetivo. Te vi a través de un lente y tu cuerpo iluminó mi corazón. Te dejé plasmada en mi pantalla. 

Desde ese momento, utilicé filtros hasta que fueras la única en mi mente, y me enfoqué solamente en ti.

Tuve prioridad de velocidad para conquistarte, y procuré que tuvieras sensibilidad a mis atenciones. Yo sabía que contigo no había un manual de instrucciones, ni podía ir de modo automático. Así que utilicé un programa para conquistarte y estabilizar tu corazón.

Y tú, coqueta, diste prioridad de apertura a tu corazón, y colocaste tu dial sólo para mí. Fue así, que con el tiempo hicimos clic, y desde entonces, iniciamos un amor particular, el que llevamos a una zona creativa, donde, con cada disparo de atenciones, nuestras baterías nunca se agotan.

Ahora, nuestra exposición tiene dos puntos a favor, y cada día, nuestro balance es más blanco. Hemos acumulado flashazos de amor, que nos recuerdan que nuestra historia no terminará, hasta que un día, el diafragma de la vida, se cierre mientras nosotros, nos sub exponemos en un beso.

A la par suya

Un día se apareció a su lado, de pronto, sin invitación. 

Y decidió quedarse a su lado por siempre.

Trató de deshacerse de ella, pero no pudo. No importaba lo que hiciera, siempre estaba ahí.

Pasó un tiempo, y pensó que le había abandonado, pero no era así.

Al cabo de unas semanas, regresaba nuevamente a su lado.

Y se terminó acostumbrando.

Ahora, la ve a la par suya y le dice sonriendo que al llegar la muerte ella se irá.

Pero como suele suceder, ella nunca dice nada.

Goliardos

Un día, el loco decidió instruirse y se adentró en el umbral del conocimiento. Recorrió la sensatez con más de trescientos años de antigüedad y perdió la fe.

No tardó mucho en el camino, hasta que se encontró a un grupo de goliardos con los que, sentados en la banca del deseo, ilusionaron con el más allá.

Acompañados de guitarras y cervezas, las charlas filosóficas les hicieron entender la vida, mientras miraban las estrellas.

Veinte años después, el loco recordó su formación, y mientras bebía una copa de vino, no pudo evitar brindar a la salud de sus compañeros, donde quiera que ellos estuviesen.

A su salud Ludwig, Chino, Carlos, Moñas, Jairo, las Karinas y Erickson Esteifer.

Pies helados

Mis ojos se abrieron y se me helaron los pies.
Sentí esa sensación en el pecho, como que se te va el alma de golpe.
Me quedé inmóvil.
El asombro de pronto se volvió en tristeza.
Y esa tristeza, lentamente se convirtió en compasión.
Al final, y como siempre, mis ojos se cerraron de nuevo.

No se escribe cuando hay paz

Es difícil escribir cuando no se está atormentado. Las ideas no bajan a las letras cuando la mente se encuentra en paz. Es imposible crear un conflicto, cuando el corazón late lentamente.

No se escribe cuando hay paz, solo se cierran los ojos y se sucumbe a ella.


Esa calle

Se perdió en esa calle,  no quería caminar por ella, pero no pudo detenerse. Terminó caminando ilusionado por esa larga calle; el día la iluminaba, era hermoso recorrerla, no se perdió ni un detalle.

Sabía que no debía estar ahí, no podía estar ahí, pero siguió caminando.

De paso en paso, se adentró en ella, y sin darse cuenta, la oscuridad de golpe cubrió la calle. Gritó para que alguien encendiera una luz, pero nadie respondió. De pronto, esa calle hermosa y diurna, esa misma calle que lo invitó a caminar, ahora lo escondía, y le hundía en su oscuridad.

Entonces, inmerso en la terrible oscuridad, en sombrío silencio, sintió un frió que se metía en sus huesos y le encerraba en la incertidumbre, sintió estar en los brazos de la muerte. Ya no, ya no quiso caminar.

Corrió de regreso, al inicio de la calle, le dio la espalda y jamás volvió a ver, corrió y corrió, hasta regresar a su camino. Hasta ese momento se sintió seguro. El terror había pasado.

Pasó varias noches pensando, deseando en regresar a esa calle, ¿Seguiría oscura, ya habría amanecido, que habría la final de esa calle?

Ya no volvió, ahora, esa calle es pasado, algo que solo su mente vagamente evoca. Ya casi no recuerda los detalles de las piedras, o los adornos de las casas que la enmarcaban.

Recorre su camino y, de vez en cuando, cuando se encentra en soledad, piensa en ir por el sendero que le lleve cerca de esa calle. A veces, sueña regresar y meterse en la oscuridad con los ojos cerrados y terminar el camino. Pero no, sabe que ya no regresará, aunque lo anhele, ya no regresará, aunque le duela no haber terminado de recorrer esa calle. El temor a la oscuridad, es más fuerte que su curiosidad.

Ha pasado el tiempo, y aunque a veces desea regresar, sabe que ni la luz ni la oscuridad que ahí hay, valen la pena, sabe que a nadie le importa si terminó el recorrido o no, a nadie le importa si regresa, total, nadie sabe de esa calle, y nadie sabe que la caminó, mucho menos que se regresó.

Ahora, solo le queda recordar esa calle, y esperar que el anciano que viene detrás, borre su dirección para siempre.

Tu poder

Te esperé con ansias. Parecía que no había más tiempo. Tenía que saber todo de ti.

Pasaron los días reconociéndote, aprendiéndome tu canto, tus vivencias, tu ser.

Esa extraña sensación de que te vería me ocupó los días y me apartó de la realidad.

Y de pronto, llegaste.

Éramos en ese momento, solos tú y yo, no importaban los demás, era nuestro momento.

Pero pasó, y te fuiste.

Ahora, pareciera que me dejaste un vacío, como que me falta algo, pareciera que al irte, te llevaste una parte de mí.

Y es que así debía de ser, te llevaste algo de mí, pero me dejaste parte de tu espíritu acompañándome.

Ahora tengo tu poder, que me hace seguir en mi lucha. Mientras tanto, esperaré, por si en algún momento, un día, vuelvas a visitarme.

Fiambre

Y el día indicado, se abrieron los cielos y bajaron los muertos para hablar con los vivos.
A mí me visitó el mío y me habló a la espalda, mientras yo picaba verdura.
Y en la concentración del momento, me invitó a ser paciente y a buscar la felicidad.

El día pasó, y el cielo se cerró. Y entre carcajadas y fiambre replicamos su sonrisa.

Alma de trueno

En mi alma herida se escuchó un trueno.

Distante, a lo lejos.

Suavemente, mi alma sintió una brisa, y el trueno se escuchó claro en mis oídos.

Estaba ahí.

De pronto, de golpe, mi alma se llenó del trueno, la lluvia y los rayos.

Sentí la tormenta en mi interior, y su canto revivió mi alma que se levantó con un grito ensordecedor.

Estoy de pie.

Voy a luchar.

Voy a vencer.