martes, 16 de mayo de 2017

La cita

En un momento de soledad, posiblemente de curiosidad o morbo, el impulso le ganó a la razón y decidió escribirle. Dejó un mensaje y luego se arrepintió.

Pero para su sorpresa, recibió una respuesta.

Del otro lado de la tecnología, las sudorosas manos respondían el mensaje, quizá con el mismo morbo y curiosidad, sin embargo, trató de parecer lo más casual posible.

Y es que en el templo de lo incierto, absolutamente nadie está exento de caer en la fascinación.

Siguieron charlando tímida y esporádicamente, preguntando tonteras, dejando pasar horas en responderse, pero, en definitiva, ninguno dejaba morir la conexión.

Con el corazón acelerado concertaron una cita. Por fin se verían después de tanto tiempo, después de todo lo que habían vivido.

Pueda ser que el invierno les recordaba aquella noche de pasión que los hizo fundirse en amor, o simplemente, tenían esa necesidad de terminar de decirse lo que un día abruptamente se callaron.

Establecieron el día y la hora exacta para su encuentro, pero en un instante, la comunicación cesó. De pronto, ambos estaban convencidos que el otro era quien debía hablar primero para acordar la cita. Así que enmudecieron.

Fue su orgullo, mezclado con egocentrismo, rencor pasado y una gran dosis de inmadurez la que les hizo desistir precipitadamente de su encuentro.

Ahora, ambos se sienten lastimados, y creen haber tenido la razón. Se han exculpado y han dejado de buscarse. Se sienten bien, han ganado, la culpa fue del otro. Pero dentro de ellos, en lo más profundo de su interior, lamentaron el desencuentro. 

domingo, 14 de mayo de 2017

Legión

Se cansó, se cansó de entrar a esa red social y verlos, ver su egoísmo, su envidia, su egocentrismo, su odio, su intolerancia, su miedo, su indiferencia.

Para él, fue completamente decepcionante ver cómo discutían, insultaban, y se peleaban por un simple partido de fútbol. Sus prioridades eran confusas.

Fue vergonzoso verlos presumir sus bebidas, sus autos, sus cuerpos, sus cosas, cosas que no los hacían  más grandes, cosas que no los hacían mejores, cosas que los hacía ver estúpidos.

Se lamentó al ver su ignorancia, censurando libros, censurando arte, censurando el pensamiento crítico, promulgando la vulgaridad y la ignorancia como un estilo de vida único y diferente, promoviendo el entretenimiento por sobre el aprendizaje, condenando la ciencia y alabando la ignorancia.

Le dio asco ver su hedonismo, mostrando sus cuerpos semi desnudos al son de alguna frase famosa, los vio patéticos.

Se veían tan ridículos burlándose de todo; del que hace mal, del que hace bien, de la vida, de la muerte, de todo. Sus sonrisas y carcajadas virtuales, gritaban su agonía, su simplicidad.

Le dio temor, mucho temor, entrar a esa red, el basurero de la Internet y verlos discutiendo por religión; peleándose por cómo se debe llamar a algún dios. Burlándose unos de otros: Si unos aplauden, o si los otros rezan a imágenes de yeso, deseando la censura y la muerte de quienes no comparten sus creencias. Fue desconsolador ver muertos por la fe.

Pero lo más horrible fue ver que la solución que proponían a los problemas sociales, era la muerte. Muerte al que se expresa, muerte al que piensa distinto, muerte al que se ve distinto, muerte al que no sigue la corriente.

Vio que todo se resumía en muerte, proclamaban odio, destrucción y muerte. Eran cobardes, detrás de una pantalla deseando derramar la sangre, la sangre ajena.

Así que un día, entró por última vez a esa red, y dejando una despedida fingida, se retiró.  Los dejó; dejó que se siguieran odiando, insultando. Dejó que se siguieran peleando, dejó que se mataran.

Y entonces, de lejos, desde un rincón virtual, envió un mensaje diferente al mundo.

Pero como era de esperarse, solo unos pocos lo escucharon, y es que el resto, al final de cuentas, era solo eran una legión, para él, una legión de idiotas. 

sábado, 13 de mayo de 2017

Once mil atardeceres

De pronto la vio, estaba ahí, sin aviso, de golpe, sorpresiva.

Su primera reacción fue cruzarse la calle, ignorarla, así como lo había practicado tanas veces en su mente.

Pero su corazón lo traicionó. 

Siguió caminando de frente hasta toparse con ella. Balbuceó algo, pero ella habló primero, con esa naturalidad que siempre la había caracterizado. 

Lo invitó a olvidar el pasado y charlar unos minutos, y el, con una sonrisa nerviosa, accedió.

Se tomaron un café y platicaron de mil cosas sin sentido. Ella sonreía mientras jugaba con el azúcar, y él, inevitablemente, se perdía en su mirada.

Se despidieron y quedaron en volverse a ver un día de tantos, pero eso nunca sucedería, jamás volverían a encontrarse.

Y aunque la vida les regaló once mil atardeceres, él, jamás olvidaría ese en particular, ese donde por un instante, balbuceó “te amo”.

Sólo su nombre

Habían pasado quince años desde la última vez que lo vio, pero ella, aún no lo había olvidado. 

Un día, mientras perdía el tiempo en una red social, leyó su nombre. No había una fotografía que le identificara, sólo su nombre, pero ella, estaba segura que era él. 

Su corazón volvió a latir con fuerza.

Sin dudarlo siquiera, trató de contactarlo, pero jamás obtuvo respuesta. Ese mismo día, él había decidido salir del mundo virtual para no volver jamás.

Hoy, ella sigue buscándolo, y él, en soledad, suspira por un amor pasado.

jueves, 27 de abril de 2017

jueves, 13 de abril de 2017

Con una guitarra de fondo

Dejé correr la canción y sin luces, esperé que esa guitarra esbozara el mejor ambiente para enmarcar esta noche oscura de luna ausente, que se mete por mi ventana y me hace sentir fuerte.

Pero la música no trabaja así, porque a pesar de la perfecta ejecución de esta balada de Heavy Metal, no pude evitar suspirar por tu amor y dibujar tu silueta en mi mente. 

No te veo, pero estas conmigo, y aunque en este momento no puedes oírlo, y yo no puedo decírtelo, con una guitarra de fondo en la oscuridad, te amo.

Atemporal

Eres atemporal, y no importa si tienes cuarenta años, veinte o un par de meses, siempre nos fortaleces.

Eres fresco, y te renuevas constantemente para darnos aliento.

Eres sorprendente, con intensidad alimentas mis oídos.

Eres asombroso.

Eres adictivo.

Eres intenso.

Eres poderoso.

Eres mi vida.

Las almas de la cetrera

Se perdió en sus ojos cafés, en su carcajada honesta y su espontaneidad infantil.

Fue su inocencia, mezclada con lujuria, la que le hizo despertar a la pasión.

Ella le enseño a amar, y él, estaba fascinado.

Pasó largas noches sin dormir pensando en su sexo, y ansiaba el día, sólo para estar a su lado.

Él la amaba.

Pero un día, de pronto, ella le dejó.

Suplicó por su amor, pero nunca tuvo una respuesta. 

Un día la vio, sólo de lejos, ella reía en los brazos de un extraño.

Y ahí se quedó, sumergido en el abismo del olvido, junto a los otros cuerpos sin alma que un día, también la alimentaron.

domingo, 9 de abril de 2017

Parte de ese ritual

Desde el suelo, le vio extendiendo sus manos con el manto negro cubriendo su máscara. Entonces, sintió la determinación de ser parte de ese ritual.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Bella de noche

Tu lunar me da los buenos días, y tu respiración me dice que dormiste bien. 

Me es inevitable abrazarte, y el calor de tus pies me invitan a quedarme junto a tí un minuto más. 

Eras bella de noche, eres hermosa de día