Misión silenciosa

Estas sentada al lado mío, lo puedo sentir. 

Me estas acompañando entre las campanas de viento, los pájaros y las hojas de los árboles que juegan a mecerse con gracia. 

Trato de poner atención al canto medieval que me recuerda quien soy, pero tú, en silencio, me inquietas y haces que te ponga atención. Entiendo, hoy es un momento para que me abraces, para dejarte sentir.

Ahora, aprovechando tu presencia, que me tienes en tus brazos, déjame entender el porqué de tu misión silenciosa. Esa misión que hace que piense la mente más simple y hace decaer el rostro del más poderoso.

Ahora dime, explícame, porque debe de haber alguna razón, debo entenderte y tal vez así, pueda entenderme a mi mismo, a mis razones, a los por qué.

¿Sigues ahí, aún estás escuchándome? Lo se y sonrío, porque cuando escribo tu te vas. Y nuevamente me dejas con las dudas. ¿Cuándo me hablaras, cuándo me darás respuestas? Te esperaré otro día, para sentir tu abrazo, para ver si ese día, tu, la soledad, me contarás tus secretos.

Ismael

El destino quiso que su vida se cruzara con la mía, así como quiso que ambos aprendiéramos, uno del otro. Y si bien es cierto, que nuestras concepciones filosóficas eran completamente distintas, comprendí que, para usted, la amistad sobrepasaba esos detalles. Si, usted tenía esa peculiaridad que era digna de admirar.

La pasión por los cristales nos unió, y compartimos el conocimiento haciendo que el alumno terminara enseñando al maestro. Otra de sus cualidades, la humildad. En ocasiones lo vi preocupado, pero esas charlas que nunca llegaban a nada, le lograban sacar una sonrisa.

Al final de cuentas, el tiempo y las obligaciones nos dejaron en un eterno café pendiente que, ahora, sé que jamás se concretará. Me reclamo por no haber hecho el tiempo para ello.

Y hoy, este amargo 20 que me dice que su ser se ha ido, que ha decidido volar a las estrellas, hace que lo recuerde con gran cariño, con admiración, como una persona a quien recordar. Ahora reúnase con los suyos, y prepare el lugar para reunirse con los que ama. Estoy convencido que, del otro lado del silencio, seguirá siendo usted mismo.

Sombras de la noche

La noche era tan oscura  que apenas podía dibujar las siluetas de las figuras que tenebrosas daban vida a aquel escenario lúgubre donde su alma se encontraba. Inmerso en las penumbras, escuchó a aquel viejo reloj caminar y en medio del silencio, el viento le aullaba a sus espaldas.

Caminó por las calles desiertas con los brazos entre cruzados, esperando opacar de alguna manera, el frío que se metía hasta sus huesos. En ese denso frío y soledad, deseó encontrar otra alma junto a la suya, no importaba si era amigo o enemigo, el contacto con alguien era lo que anhelaba. 

Pero no fue así, no, esa noche no. Esa noche lo cubría en soledad, absorbiéndolo, inquietantemente, desesperadamente, silenciosamente.

Detuvo su camino, y pensó por un largo tiempo. Tanto fue ese tiempo, que, en medio de la noche oscura, pudo ver su sombra reflejada en el suelo húmedo del camino. 

Levantó la cabeza y cerró los ojos, pero no tuvo miedo. Entendió que debía seguir en ese camino, en las sombras de la noche, esperando que algún día, cuando menos se lo esperara, vendría el amanecer.

El peor de los hombres

Se perdió en su mirada y quiso amarlo por siempre. Él, se perdió en ella y experimentó todo lo que pudo a su lado. Se sació hasta el cansancio, y en un arrebato de emoción, se limpió el trasero con ella. Luego, viéndola embarrada de mierda, se fue.

Ella, le suplicó que se quedara, pero viendo que él no regresaría, decidió vengarse. Buscó a otros tipos en la calle y les limpió el trasero con su cuerpo. No importaba si les conocía bien o no, ella pensaba, que él, al verla embarrada de mierda de otros hombres, sentiría celos y arrepentido, regresaría con ella, y la amaría por siempre.

Un día, sentada de espaldas en la barra de un bar, vio al peor de los hombres que, separándose de su camino, entró y llegó con ella. Le sonrió y con un poco de agua, un trapo y jabón, decidió limpiarla. Le limpió la frente y siguió, con esmero, limpiando su rostro. Ella sonrió agradecida.

Mientras charlaban, el peor de los hombres continuó su ablución, pero ella, en un arrebato de emoción, se limpió el trasero con él,  El peor de los hombres, molesto, se limpió y le pidió que no lo volviera hacer, pero ella, en otro arrebato, lo hizo de nuevo.

El peor de los hombres, desconcertado, regreso a su camino enfadado y limpiándose cuidadosamente. Caminando, se perdió de su vista. Ella, inmediatamente buscó a otro par de hombres para volverse a ensuciar, y tumbándose boca abajo en el suelo, se quedó viendo al horizonte, esperando que aquel primer hombre de su vida, un día, regresara arrepentido por ella. 

Testigo protegido

La pobreza de su familia le hizo jurar tener abundancia en su mesa, y así lo hizo: Trabajó muy duro y se levantó desde las cuatro de la mañana para trabajar arduamente. Le llegó la madrugada planificando y dedicó los fines de semana a evaluar su propio desempeño.

Cuando la mirada de amor se cruzó por su camino, aprovechó la oportunidad para incluirla en sus negocios y terminó volviéndola su empleada. Se aprovechó de sus familiares y amigos, todo para tener la posición económica que tanto deseaba.

Cuando el tiempo se lo permitió, se dedicó a dar charlas motivacionales, invitando a las personas a trabajar para hacer dinero, y en su afán, escribió libros que vendió con buenas ganancias.

No parpadeó cuando le ofrecieron un puesto en el gobierno, y con sus grandes habilidades, generó ganancias para el presidente, y para su propio bolsillo. Sentía que había rozado el cielo. Compró casas, carros y motos, viajó y alquiló el amor. Levantó las manos al cielo y con una amplia sonrisa desafió a los dioses. 

Satisfecho, por fin se sentó unos minutos a beber mientras miraba el horizonte plagado de rascacielos.

Hoy, será llevado a dar declaraciones a los tribunales. Si bien le va, su condena será corta y saldrá de prisión a los ochenta años, de lo contrario, le espera una condena severa, o tendrá que esperar en la esquina de su celda, que en un motín, sus adversarios vengan por su cabeza.

Madox

Entre risas y vino Eileen, Aldaír y Kendra hablaron de mil y una cosas. Kendra y Aldaír se tomaron de la mano y Eileen se perdió por unos segundos en sus manos. Le afectó, pero cambiando de tema, hizo una broma y todos rieron.  Kendra y Aldaír también rieron y discretamente se soltaron las manos, sabiendo que algo no andaba bien. Vieron a lo lejos al hijo de Eileen que jugaba con sus hijos, y asumieron que el padre ausente tenía roto el corazón de su amena acompañante. Pero a Eileen no le importaba el padre de su hijo, para nada, tampoco le importaba que Kendra y Aldaír se tomaran de la mano. Eileen vio en la mano de Kendra un lunar similar al que ella tenía, ese lunar que un día su amante, Madox, besó hacía muchos años atrás. Madox, el hombre que la amo intensamente, el que un día le hizo versos y le besó sus lunares y rodillas. Ese día, ella recordó a ese amante, Madox, su amante, que ahora, muy probablemente, estaría muerto.

Solo queda observar

La noche estaba oscura, tan oscura que no se podía ver a la persona que llevaba al frente. Sin embargo, ella sostenía firmemente la mano de su hermano que la guiaba sigilosa, pero velozmente por la selva. 

Corrían y al menor ruido se agazapaban para esconderse. Corrieron toda la noche hasta llegar a la frontera con México.

Sufrió angustiantemente por días hasta ver a sus hermanos y madre que se reunieron con ellos. Papá nunca apareció.

Bajo un árbol improvisaron una choza y pasarían casi un año comiendo lo que recolectaban en los alrededores. En los pocos momentos de descanso recordaban con anhelo aquellos días donde a la luz del comal reían a carcajadas de alguna tontería del día.

Pero eso había quedado en el pasado, ahora, solo sabían que debían sobrevivir.

Pasarían casi treinta años para que aquella niña regresara a su patria, huérfana, con cicatrices en su interior que aún dolían, motivada más por la curiosidad y sentido de pertenecían que por otra cosa.


Ahora, ve a lo lejos esos montarrales que un día fueron su hogar. Ahora, calla cuando escucha esos absurdos debates de “si hubo o no hubo genocidio” ahora, solo queda observar, recordar y ver en sus hijos, la sonrisa que ella un día perdió.

Todo su ser

Desesperado regresó a buscarla y abruptamente abrió su pecho. Su corazón seguía ahí guardado, latiendo rítmicamente en paz junto al suyo.

Ella lo vio y con la más tierna sonrisa le preguntó ¿Lo quieres de vuelta? pero él entendió que era ahí donde su corazón debía estar. Así que, adentrándose en su pecho, se acomodó dentro de ella y se quedó ahí para siempre.

Ahora, no solo su corazón le pertenecía a ella, sino, también, todo su ser.

Cada vez que le doy una vuelta sol

No lo busqué más. Lo había dejado ir. Pero hoy, en medio de ese denso bosque, cuando sentí que me estaba perdiendo de nuevo, levanté los ojos y fugaz vi su alma pasar por allí.

Y es que hoy sonreí, porque, cada vez que le doy una vuelta sol, me acerco más a usted. Pronto se despejarán las dudas y será usted mismo el que me reciba para contármelo todo. 

Aún debo seguir caminando para poder entender su sabiduría. Aún tengo mucho que aprender.

llevarte al cielo

En la penumbra de mi vida no pensé, simplemente mis ojos se cruzaron con los tuyos y sucumbí a ti. Y es que no puedo estar indiferente a tu ser, a tu belleza, a tu alma que atrapa la mía. Me siento atraído por ti, posiblemente porque eres hermosa, posiblemente porque te necesito, posiblemente porque te amo.

Y es que, sin pensarlo si quiera, lo primero que se me ocurrió fue amarte, con todo, deseando que tú también me amaras, que te fundieras conmigo en un espiral celestial. Al parecer no lo logré.

Sin quererlo te herí, sin darme cuenta te lastimé, y mientras yo ilusionaba llevarte al cielo, sin saberlo te arrastraba al infierno.

Hoy, la culpa me reclama y me reprocha. Y tú, sonriendo y hablándome con ternura me dices que todo está bien, que sigamos adelante. Si, eres perfecta.

Ahora, a la distancia, de lejos, ahora dime ¿Qué debo de hacer para recompensarte, qué debo de hacer para reivindicarme, dime a dónde he de volar, para poder alcanzarte?