jueves, 14 de junio de 2018

Utopía


No ha pasado mucho tiempo y ya extraño tenerlas a mi lado, indagando en la ilusión y la utopía mientras una guitarra canta a la distancia, llenando el ambiente y reconfortando al alma.

viernes, 1 de junio de 2018

El relojero. Parte IV

Estaba en una casa de empeño dentro de un barrio muy concurrido. En el mostrador se encontraba mi hija y tenía dos cajitas cilíndricas, y vi que en cada cajita había dos pequeños corazones de oro.

La primera cajita tenía dos pequeños corazones de oro, y a simple vista parecían dos pequeñas esferas. Sin embargo, al verlos detenidamente, se podía apreciar que esos pequeños corazones esféricos, tenían finos detalles. En la otra cajita, había otros dos pequeños corazones de oro, esta vez, los corazones eran lisos y planos, muy brillantes.

Al lado de mi hija estaba mi hijo hablando con el hombre de la tienda de empeño. Estaba a punto de vender el reloj que mi papá me había dado cuando él aún vivía. El hombre dijo que el reloj valía diez mil. Mi hijo me miró y yo le hice un gesto indicándole que estaba bien.

Salí y caminé a la trastienda de aquel lugar, y en una especie de bodega, llena de cajitas negras, estaba el relojero con una caja abierta viendo un sueño. Yo pude ver el sueño.

El relojero tenía esta vez un semblante triste, así que me acerqué a él y como siempre, volví a sentir esa paz y tranquilidad que aquel hombre me transmitía. “Vendí el reloj” le dije. Pero él, cerrando la cajita lentamente me dijo “Vendiendo el reloj obtiene dinero pero no tiempo, reparando el reloj tiene tiempo”.

Vi su rostro y quedé atónito. 

El relojero, era mi padre.

jueves, 31 de mayo de 2018

domingo, 27 de mayo de 2018

El relojero. Parte III

Me encontré en una plaza de comercio informal, y dentro de aquel bullicio, vi una vieja relojería que se encontraba al fondo.

Entré.

Toda la variedad de relojes que ahí se encontraban me cautivaron. Habían relojes de todos los tipos y todos los modelos. Antiguos y nuevos, relojes por todos lados. Y al fondo, en una mesa de madera atiborrada de cosas, se encontraba el relojero trabando pacientemente.

Me acerqué a él lentamente y sin pronunciar palabra me dediqué a ver qué hacía. Aunque para ser sincero, no entendía su menester.

El siguió trabajando sin importarle mi presencia, pero al pasar un tiempo dejó sus herramientas en la mesa, me miró, se sonrió y me preguntó ¿Ya reparó su reloj?

El relojero. Parte II

Estaba en un lujoso centro comercial viendo relojes a través de una vitrina, uno más hermoso que el anterior. Todos con finos acabados y hermosos detalles.

Pero en el reflejo de la vitrina vi que alguien estaba tras de mi. Volví a ver y ahí estaba el relojero que con esa sonrisa que lo caracterizaba y esa voz amigable me preguntó ¿Ya reparó su reloj?

El relojero. Parte I

En una vieja oficina me encontraba revisando documentos.

Las personas pasaban una a una, y yo les revisaba su documentación; Uno, otro y otro.

De pronto, alguien se paró a mi costado pero no tenía documentos.

Lo volví a ver y era un hombre entrado en años, delgado, bajo de estatura, con una gorra vieja y una gabacha que cubría su atuendo. Sus antojos se quedaban a la mitad de su nariz, y él, me miraba por encima de ellos.

¿Tiene sus documentos? Pregunté.

Pero él, sonrió, tomó aire y me preguntó ¿Ya reparó su reloj?

El sueño de un hombre enfrentando su destino


Regresé a la casa de mis padres y vi a mi papá sentado a la orilla de un muro que estaba a medio construir. 

El muro era como de tres metros de alto, y por una zanja pude ver que tenía otros tres metros de cimientos. Quise ver la longitud del muro, pero era extenso, muy extenso, de hecho, se perdía entre las montañas y jamás pude ver donde había iniciado la obra.

Quedé absorto al ver tremenda construcción, y no podía creer que mi padre lo hubiera construido sólo. Sin embargo, ahí estaba él, sentado, a la orilla del muro, bajo el sol. Descansando.

Me apresuré a dejar mi equipaje y aunque seguía impresionado le dije “deme tiempo a cambiarme de ropa y subiré a ayudarlo” pero él, viendo al horizonte me dijo “tómese su tiempo, porque ahora le toca seguir a usted sólo” Volví y ya nadie estaba sentado en el muro. Busqué por todos lados, pero mi papá ya no estaba ahí.

Me subí al muro y me senté a la orilla para buscarle, pero, viendo al horizonte, entendí mi destino.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Morgue

Mientras iba bajando las gradas, el calor se fue quedando en los pisos superiores, y el frío se empezó a apoderar de todo el ambiente. Los pasillos eran sombríos y largos, con tenues  luces que apenas iluminaban el suelo que brillaba por la suciedad. Sintió que sus huesos se elaban mientras su cuerpo llegaba casi por inercia al final. Ahí estaba, del otro lado de la puerta, Gris, inherente, sin vida.

Mi vida

Todos me dicen que la vida sigue. Pero cómo les explico que para mí, tú eres mi vida.

Me desprecio

Te veo sufrir y no puedo hacer nada
Siento que te abandono y entonces me desprecio
Me doy asco y me reprocho con dureza
¡¿Por qué no puedo quitarte el dolor?!
¡¿Por qué no puedo ser yo quien sufra?!
Hoy no puedo reír
Hoy deseo con toda el alma robarme tu dolor
Si yo pudiera
Daría toda mi vida para llevarme tu tormento