jueves, 13 de abril de 2017

Con una guitarra de fondo

Dejé correr la canción y sin luces, esperé que esa guitarra esbozara el mejor ambiente para enmarcar esta noche oscura de luna ausente, que se mete por mi ventana y me hace sentir fuerte.

Pero la música no trabaja así, porque a pesar de la perfecta ejecución de esta balada de Heavy Metal, no pude evitar suspirar por tu amor y dibujar tu silueta en mi mente. 

No te veo, pero estas conmigo, y aunque en este momento no puedes oírlo, y yo no puedo decírtelo, con una guitarra de fondo en la oscuridad, te amo.

Atemporal

Eres atemporal, y no importa si tienes cuarenta años, veinte o un par de meses, siempre nos fortaleces.

Eres fresco, y te renuevas constantemente para darnos aliento.

Eres sorprendente, con intensidad alimentas mis oídos.

Eres asombroso.

Eres adictivo.

Eres intenso.

Eres poderoso.

Eres mi vida.

Las almas de la cetrera

Se perdió en sus ojos cafés, en su carcajada honesta y su espontaneidad infantil.

Fue su inocencia, mezclada con lujuria, la que le hizo despertar a la pasión.

Ella le enseño a amar, y él, estaba fascinado.

Pasó largas noches sin dormir pensando en su sexo, y ansiaba el día, sólo para estar a su lado.

Él la amaba.

Pero un día, de pronto, ella le dejó.

Suplicó por su amor, pero nunca tuvo una respuesta. 

Un día la vio, sólo de lejos, ella reía en los brazos de un extraño.

Y ahí se quedó, sumergido en el abismo del olvido, junto a los otros cuerpos sin alma que un día, también la alimentaron.

domingo, 9 de abril de 2017

Parte de ese ritual

Desde el suelo, le vio extendiendo sus manos con el manto negro cubriendo su máscara. Entonces, sintió la determinación de ser parte de ese ritual.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Bella de noche

Tu lunar me da los buenos días, y tu respiración me dice que dormiste bien. 

Me es inevitable abrazarte, y el calor de tus pies me invitan a quedarme junto a tí un minuto más. 

Eras bella de noche, eres hermosa de día

martes, 28 de marzo de 2017

Escuchar tu voz

El silencio nos ha separado, es un enemigo que por el momento no puedo vencer.

Y aunque un día hubiera querido que te callaras, ahora, desearía escuchar, solo por un segundo, que una palabra salga de tu boca.

El sonido de tu respiración se ha ido, y tus gritos se han callado.

Aquellos susurros que me encantaban se han paralizado, y el sonar de tu sonrisa ya no lo recuerdo.

Ahora, sordo por este silencio, te grito con fuerza pero no puedes oírme, estás muy lejos.

Y solo me queda esperar a que un día se silencie mi voz, y será hasta entonces, cuando por fin, pueda escuchar tu voz que pronuncia mi nombre.

Llorando y sonriendo

La dejó ahí y sin dudarlo siquiera, se fue. No volvió a ver, sus enseñanzas de niño habían calado en todo su ser. Era un hombre fuerte.

Caminó por horas, sin rumbo, solo caminó. Sus pies avanzaban uno a uno sin tener conexión con su mente que para ese momento, estaba completamente en blanco.

De pronto, sus pasos se detuvieron abruptamente, fue hasta ese momento cuando volvió a la realidad: Era él, frente a una vieja sala de cine.

Decidió entrar, tal vez por el cansancio, tal vez por curiosidad, pero entró. Se sentó discretamente, como aquella persona que se sienta en el comedor de un extraño.

Puso su vista en la pantalla y mientras la película se desarrollaba, se apareció ella en su mente, sonriendo, gastándole alguna broma, platicando, haciendo el amor, discutiendo.

Recordó cada momento con detalle, los buenos y los malos, y mientras sus ojos dejaban escapar unas lágrimas, su boca le regaló una sonrisa.

Un suspiro le devolvió el aliento y mientras se encendían las luces marcando el final de la película, él vio a sus costados, se limpió los ojos y aplaudió junto con los demás en la sala.

Cuando salió del cine, levantó la cabeza y respiró profundamente. Jamás regresaría a ese cine, tampoco a la sepultura.


Hoy, algunos aseguran ver a un viejo que, con la mirada perdida, se sienta en la noche a contemplar las estrellas, llorando y sonriendo al mismo tiempo.

Solos

Eras muy joven cuando nerviosa, te derretiste entre mis brazos.

Nos amamos.

Ahora, sólo me queda buscarte entre las estrellas.

Y quien sabe, tal vez algún día, como te lo prometí, nos volvamos a amar.

Solos, juntos, como polvo de estrellas en el firmamento.

lunes, 27 de marzo de 2017

¿Por qué debo odiar, si yo no quiero odiar?

Escuché un crujido que me tomó por sorpresa. Mientras volaba por el aire, vi la trompa del pickup que arrastraba mi motocicleta. Durante un segundo, me sentí aliviado de no estar entre esos hierros.

Caí con el hombro izquierdo, y la inercia me hizo dar unas vueltas. Metí las manos para evitar que mi cara golpeara el suelo, y con las puntas de las botas traté de frenarme para finalmente quedar boca arriba en el suelo.

Inmediatamente traté de levantarme, pero un dolor en mi pierna derecha me lo impidió. Sentí que me tomaron de los brazos y me llevaron a la orilla de la calle. vi a mi alrededor rostros desconocidos que me preguntaba cosa y a los pocos segundos pude distinguir a un bombero revisándome. Le sonreí y le dije “¡já! no me morí” En ese momento, el bombero, los motoristas que me auxiliaron y los curiosos rieron al unísono.

Por la noche, mientras tomaba café y veía por la ventana de la sala de estar, me sentí afortunado. Y no solo por mi vida, sino también por la vida de quién me había golpeado.  Pensé en esa persona ¿qué habría sido de él si me hubiera causado la muerte? Estaría preso, con la vida destruida. Sí, es cierto, iba distraído y por eso me atropelló, pero tampoco creo que el tipo haya dicho en la mañana “hoy tiraré a un motorista” las circunstancias nos colocaron en un momento crítico, y pues nada, esta vez yo tuve suerte de salir ileso, y él tuvo la suerte de no arruinar su vida.

Ahora, hay dos personas que se conducirán con más cuidado por la ciudad.

Y cuanto más me preguntan si le guardo rencor, cuanto más tratan de señalar a las autoridades, motoristas o automovilistas, yo sigo pensando que en mi país no hay automovilistas, motoristas, ciclistas o peatones. En mi país hay personas que se mueven como pueden o quieren. 

Y solo queda ser cuidadosos al conducirnos en vehículo, no importa el tipo que sea, y pensar que si un día nos vamos de este mundo, que sea sonriendo y no guardando rencor a nadie. Ya lo dijo Walter Mesa de la banda Horcas “¿Por qué debo odiar, si yo no quiero odiar?”

miércoles, 15 de marzo de 2017