martes, 26 de julio de 2016

Pegada a él

Él le contó muy entusiasmado de su viaje de negocios. Viajaría una semana entera y esperaba sorprender a sus jefes a su retorno. Ella escuchaba con atención, mientras veía cómo se iluminaban sus ojos por la nueva experiencia.

Antes de partir él le dijo “mañana, quiero despertarme con tu despedida, hazme ese favor”

Al día siguiente ella madrugó e inspirada le envió el más tierno mensaje de despedida que se le hubiera podido ocurrir. A los pocos minutos se percató que él lo había leído. Entusiasmada esperó el mensaje de retorno, pero nunca llegó.

No quiso molestarle más y dejo pasar el lunes completo para que él se concentrara en su trabajo. El martes le envió un corto saludo deseándole éxitos en sus negocios. Pero él no leyó su mensaje.

El miércoles, el jueves, el viernes y el sábado ella hizo lo mismo. Pero él no respondió.

El domingo él retornó al país y ella le recibió. Le preparó una cena y esperó a que él le contara toda su aventura. Él no se midió contando con detalles su experiencia de negocios, pero ella le interrumpió  “me imagino que estuviste muy ocupado desde que te levantaste el lunes” pero él le contó cómo el vuelo se atrasó y tuvo que esperar muchas horas del lunes en el aeropuerto.

Ella no pudo evitarlo y le reclamó su falta de interés. Le reprochó los mensajes que diariamente ella le envió y que él no respondió.

Pero el la vio y levantándose de le mesa le dijo “sabes, no me agrada que me presiones, estuve muy ocupado en este viaje y no tuve tiempo de responderte. Yo no nací pegado a ti, tengo cosas que hacer”.

Él salió de aquella casa y nunca más regresó. Ella, recogió la mesa, lavó los platos y se fue al dormitorio.

Pasaría muchas noches sin dormir.

Pero una mañana el rayo de sol la despertó y ella sonrió, era cierto, ella no había nacido pegada a él.

1 comentario:

Gabriela R. dijo...

Bonita reflexión. Y realidad.