miércoles, 6 de julio de 2016

Grotesca marea

En medio de esa oscura tormenta se encontraba ese pescador viejo y cansado, sosteniendo con fuerza sus dos barcazas que con tanto esfuerzo había logrado obtener. El muelle estaba a punto de ceder y las sogas le quemaban las manos. El viento soplaba con fuerza y adentraba las barcazas al mar, pero él, con todas sus fuerzas las sostenía. No quería dejarlas ir, eran sus tesoros.

Cuando la tormenta se hizo feroz, los demás pescadores desde la orilla le gritaron que dejara ir una de las barcazas y rescatara solo una, pero él seguía luchando con el mar, él no quería perder sus posiciones, aunque sabía muy bien que debía soltar una.

No soltó ni una barcaza.

El mar se hizo más violento y en grotesca marea arrastró con fuerza las barcazas hacia adentro del mar arrancando ambos brazos de aquel viejo.

Los pescadores le vieron de lejos gritar y retorcerse en el muelle mientras también éste era destruido por la tormenta.

Hoy, dos años después, los pescadores trabajan en paz en unas rudimentarias barcazas y recuerdan a los más jóvenes la importancia de ser sensatos en las decisiones que tomen en el futuro.