lunes, 23 de mayo de 2016

Sin tristeza ni remordimiento

Lo pensó muy bien. Todo estaba muy bien planificado, hasta el último detalle fue concebido con destreza.

La citó.

Se encontraron y pacientemente esperó a que ella cometiera su error, si, ese que él sabía perfectamente que iba a cometer. Cuando al fin ella lo hizo, el aprovechó el momento y la mató.

Con frialdad y tranquilidad salió y cerró la puerta de aquel lugar y caminó un momento hasta que cayó preso en su propio corazón.

Pasaría preso un año y medio.

Al cumplir su condena salió a caminar y en la esquina la vio sonriente al lado de un desconocido. 

No sintió tristeza ni remordimiento.

Pasó al lado de ellos sin que se percataran de su presencia y mientras encendía un cigarro se sintió satisfecho de haber matado esa relación que por tanto tiempo agotó su mente y le dejó preso en su propio corazón.


Vio hacia al frente y sonrió.