martes, 24 de mayo de 2016

La decisión del vagabundo

En una calle húmeda por la lluvia de ayer, intentaba dormir un vagabundo. Del otro lado de la calle vivía Pedro y Juan, en unas cómodas viviendas.

Un lunes, Pedro vio al vagabundo y se apiadó de él. Tomó pan, los frijoles que aún estaban calientes en la sartén, preparó un plato, un vaso con agua y llamó al vagabundo para cenar. El vagabundo se satisfizo de aquella cena. Pedro lo invitó para que el día viernes a las 21:00 horas llegara por otro plato de comida.

El día martes, Juan vio al vagabundo y también se apiadó de él. Fue a la cocina y preparó un bistec con papas, lo puso en un plato junto con un vaso con agua  y llamó al vagabundo para cenar. “Puedes comer todas las papas que quieras, pero no debes tocar el bistec” le dijo. El vagabundo, a pesar que deseaba probar ese trozo de carne, accedió con agradecimiento, comió las papas, tomó el agua y se fue. Juan también lo invitó para que retornara el día viernes a las 21:00 horas por otro plato de comida.

Con ansias el vagabundo esperó que llegara el día viernes y cuando así fue, se paró frente a las dos casas ¿a cuál casa debía tocar, en que casa debía cenar?