martes, 24 de mayo de 2016

Aquel semáforo

Paró en el semáforo y vio aquella mujer con sus dos hijos: Ella, como de ocho años, sucia pero muy bonita. Él, un niño como de cinco años, mal cuidado, pero con la felicidad que caracteriza a todo niño que aún no se percata de lo duro que es la vida.

Fortuitamente llegó nuevamente a aquel semáforo. Vio llorar a aquella niña, ahora un poco mayor, sentada en la banqueta. Con una mano trataba de ocultar su sollozo rostro, y con la otra, trataba de cubrir sus piernas con lo que quedaba de ese diminuto vestido que traía puesto. A su lado, su madre le reclamaba por algo que no logró escuchar. El niño ya no jugaba en la esquina. Estaba parado viendo la escena.

Pasaron muchos inviernos hasta que volvió a parar en ese semáforo. Vio a la madre sentada en la banqueta, parecía borracha o drogada. A su lado un adolescente la cuidaba con desconsuelo. A la distancia estaba la chica con ese atuendo que invitaba a comprarla. Mascaba un cicle y se mecía coqueta en el poste que sostenía el semáforo.

Ayer pasó nuevamente por aquel semáforo, pero ya nadie estaba en la esquina.