domingo, 18 de septiembre de 2016

Testigo protegido

La pobreza de su familia le hizo jurar tener abundancia en su mesa, y así lo hizo: Trabajó muy duro y se levantó desde las cuatro de la mañana para trabajar arduamente. Le llegó la madrugada planificando y dedicó los fines de semana a evaluar su propio desempeño.

Cuando la mirada de amor se cruzó por su camino, aprovechó la oportunidad para incluirla en sus negocios y terminó volviéndola su empleada. Se aprovechó de sus familiares y amigos, todo para tener la posición económica que tanto deseaba.

Cuando el tiempo se lo permitió, se dedicó a dar charlas motivacionales, invitando a las personas a trabajar para hacer dinero, y en su afán, escribió libros que vendió con buenas ganancias.

No parpadeó cuando le ofrecieron un puesto en el gobierno, y con sus grandes habilidades, generó ganancias para el presidente, y para su propio bolsillo. Sentía que había rozado el cielo. Compró casas, carros y motos, viajó y alquiló el amor. Levantó las manos al cielo y con una amplia sonrisa desafió a los dioses. 

Satisfecho, por fin se sentó unos minutos a beber mientras miraba el horizonte plagado de rascacielos.

Hoy, será llevado a dar declaraciones a los tribunales. Si bien le va, su condena será corta y saldrá de prisión a los ochenta años, de lo contrario, le espera una condena severa, o tendrá que esperar en la esquina de su celda, que en un motín, sus adversarios vengan por su cabeza.