martes, 20 de septiembre de 2016

Ismael

El destino quiso que su vida se cruzara con la mía, así como quiso que ambos aprendiéramos, uno del otro. Y si bien es cierto, que nuestras concepciones filosóficas eran completamente distintas, comprendí que, para usted, la amistad sobrepasaba esos detalles. Si, usted tenía esa peculiaridad que era digna de admirar.

La pasión por los cristales nos unió, y compartimos el conocimiento haciendo que el alumno terminara enseñando al maestro. Otra de sus cualidades, la humildad. En ocasiones lo vi preocupado, pero esas charlas que nunca llegaban a nada, le lograban sacar una sonrisa.

Al final de cuentas, el tiempo y las obligaciones nos dejaron en un eterno café pendiente que, ahora, sé que jamás se concretará. Me reclamo por no haber hecho el tiempo para ello.

Y hoy, este amargo 20 que me dice que su ser se ha ido, que ha decidido volar a las estrellas, hace que lo recuerde con gran cariño, con admiración, como una persona a quien recordar. Ahora reúnase con los suyos, y prepare el lugar para reunirse con los que ama. Estoy convencido que, del otro lado del silencio, seguirá siendo usted mismo.

1 comentario:

luisfremg dijo...

Una vez se sentó conmigo para platicar, nació de él sentarse unos minutos y darme consejos, me dijo que siempre había qué apuntar a hacer las cosas lo mejor posible. Hoy es una de esas ausencias que me dejan vacío y si escribo aquí es porque quiero desahogarme, Dios le bendiga!