martes, 23 de agosto de 2016

Amor en el centro de la mesa

Un día, sin decirle a nadie construyeron un amor; único, grande, compuesto por miles de momentos locos, conversaciones, mimos, caricias, pasión, llanto y sonrisas.

Veían orgullosos ese amor en el centro de la mesa, y todos los días se sentaban a contemplarlo.

Pero el amor creció, demasiado, a tal punto que cuando se sentaban a verlo, ya no se podían ver ellos mismos. Y un día, mientras jugaban a verse, el amor se les cayó de la mesa y se rompió.

Se abalanzaron a tratar de rescatarlo, pero era demasiado tarde, el amor se había hecho pedazos.

Llevaron los pedazos a la mesa y trataron de repararlo, pero cada vez que colocaban un pedazo, otro se caía irremediablemente.

Ambos se molestaron y se dieron la espalda. Uno culpaba al otro por dejar caer el amor al suelo. Pero poco tardó para que se dieran cuenta que era irremediable reparar ese amor, así como era irremediable seguir molestos eternamente.

Y ahí, sentados, frente a los pedazos del amor, se vieron y sonriendo, aceptaron la pérdida. Tomaron un pedacito de aquel amor roto y lo guardaron. Se levantaron, se dieron un fuerte abrazo y cada uno se fue por su propio camino.

Con el tiempo construyeron otros amores, pero nunca uno tan grande como aquel que, sin decirle a nadie, un día construyeron.