viernes, 24 de junio de 2016

Hamaca

Se vieron fijamente mientras se mecían en la hamaca bajo ese ardiente calor que en sus cuerpos sobre pasaba los cuarenta grados.

Sus miradas se hicieron más intensas y sus piernas entrelazadas empezaron a rosarse con delicadeza.

Él bajó sus manos y furtivamente rosó sus piernas, recorriéndolas de arriba hacia abajo.

Ella seguía viéndole mientras, lentamente, abría las puertas del deseo. Entonces, él concentró sus caricias en la parte interior de ellas hasta llegar justo a las orillas de sus labios.

Ella se mordió la boca mientras insistente le veía tratando de no cerrar los ojos. El continuó con suavidad hasta encontrar el flujo que le invitó a seguir su atrevido ritual.

Ella volvió a ver a los costados para asegurarse que seguían siendo furtivos, mientras que asentía con la cabeza indicándole que su tarea estaba siendo bien ejecutada.

La vio fijamente mientras con suavidad acariciaba su interior, y fue hasta entonces cuando ella cerró los ojos.

Él continuó su onanismo mientras ella tomaba con fuerza el extremo de la hamaca. Ambos se vieron con deseo y él intensificó sus caricias hasta que ella no pudo evitar soltar un gemido para luego retorcerse en la hamaca con fuertes contracciones que hicieron temblar su cuerpo.

Sin fuerzas ella siguió viéndole con ternura y él lentamente dejó las caricias para concentrarse en el rubor de su rostro.

Sonrieron.