viernes, 30 de diciembre de 2016

Dos mil dieciséis candados

Siento los pies helados por el frío de la época, entonces, como puedo, me acurruco en el sillón, y jugando, veo mecerse al tinto con suavidad en la copa. Entiendo que es el momento, en el que debo hacer el recuento de este intervalo que pronto morirá.

Se que he reído a carcajadas y llorado amargamente, pero como todo, esos momentos han pasado y se quedaron guardados en la infinidad de estantes de recuerdos que pronto se cerrarán con dos mil dieciséis candados.

Entonces, sumergido entre campanas de viento, mi mirada se pierde en la nada, y mientras elevo el Carmere, me es inevitable esbozar una sonrisa: Lo que aprendí, tendrá que servir en ese futuro que inevitablemente, me está esperando en la puerta.

Por todo, por todos, por ti: Salud.