jueves, 2 de febrero de 2017

Vida sin sentido

Y entonces, ya casi acabándose las velas, el Necronomicón me dijo que debías morir. Quedé perplejo por aquellas palabras, pero sabía que debía hacerlo. No, no era venganza, era justicia.

Me alejé de las catacumbas, y dentro del bosque, invoqué a Tánatos para que, lentamente y en paz, dieras tu último aliento. El ritual duró hasta el amanecer.

Ahora, te veo por las calles sin un alma que te acompañe, veo tu rostro sin expresión, y tu vida sin sentido. Me das lástima y siento pena por ti. Y aunque me lamento, no puedo evitar esbozar una sonrisa.