miércoles, 9 de noviembre de 2016

Esa calle

Se perdió en esa calle,  no quería caminar por ella, pero no pudo detenerse. Terminó caminando ilusionado por esa larga calle; el día la iluminaba, era hermoso recorrerla, no se perdió ni un detalle.

Sabía que no debía estar ahí, no podía estar ahí, pero siguió caminando.

De paso en paso, se adentró en ella, y sin darse cuenta, la oscuridad de golpe cubrió la calle. Gritó para que alguien encendiera una luz, pero nadie respondió. De pronto, esa calle hermosa y diurna, esa misma calle que lo invitó a caminar, ahora lo escondía, y le hundía en su oscuridad.

Entonces, inmerso en la terrible oscuridad, en sombrío silencio, sintió un frió que se metía en sus huesos y le encerraba en la incertidumbre, sintió estar en los brazos de la muerte. Ya no, ya no quiso caminar.

Corrió de regreso, al inicio de la calle, le dio la espalda y jamás volvió a ver, corrió y corrió, hasta regresar a su camino. Hasta ese momento se sintió seguro. El terror había pasado.

Pasó varias noches pensando, deseando en regresar a esa calle, ¿Seguiría oscura, ya habría amanecido, que habría la final de esa calle?

Ya no volvió, ahora, esa calle es pasado, algo que solo su mente vagamente evoca. Ya casi no recuerda los detalles de las piedras, o los adornos de las casas que la enmarcaban.

Recorre su camino y, de vez en cuando, cuando se encentra en soledad, piensa en ir por el sendero que le lleve cerca de esa calle. A veces, sueña regresar y meterse en la oscuridad con los ojos cerrados y terminar el camino. Pero no, sabe que ya no regresará, aunque lo anhele, ya no regresará, aunque le duela no haber terminado de recorrer esa calle. El temor a la oscuridad, es más fuerte que su curiosidad.

Ha pasado el tiempo, y aunque a veces desea regresar, sabe que ni la luz ni la oscuridad que ahí hay, valen la pena, sabe que a nadie le importa si terminó el recorrido o no, a nadie le importa si regresa, total, nadie sabe de esa calle, y nadie sabe que la caminó, mucho menos que se regresó.

Ahora, solo le queda recordar esa calle, y esperar que el anciano que viene detrás, borre su dirección para siempre.