viernes, 3 de abril de 2009

Guerrero de madera ficticio


Una vez más quise ser un incomunicado, no enterarme, dejar de escuchar; cerrar los ojos y escapar, pero no corriendo, no, salir volando, dejar el cuerpo y esfumarme en el alma para nunca volver, porque sé que estará allí por mucho tiempo. Esa voz incesante, perturbadora, morbosa, grotesca. Me dice lo que no quiero oír, me cuenta lo que no me incumbe, me alerta del peligro cuando ya estoy en él. Es una enfermedad, como una droga que tratas de dejar pero no puedes. Ahora estoy preso. Y cuando trato de huir de él; el pseudo intelectual me señala con el dedo llamándome morboso, y todo porque ya no quiero ser morboso, porque ya no quiero escucharlo. Pienso que es como un guerrero de madera ficticio; impune por el momento, orgulloso, prepotente, confiado, pero en realidad es inútil, falso, ficticio. Sabe que es cobarde, persiguiendo solo sus sucios intereses. Sin embargo estoy consciente que su fin está lejano, su sucia voz estará allí, atormentándome, persiguiéndome, obligándome. Es un guerrero inútil, cobarde y traidor. Amigo del ladrón, cómplice del asesino, observador del violador, publicista de Satán. Por favor, que nadie me relacione con él, no le quiero, es la antítesis del bien, la némesis de la dignidad. Una vez más quise ser un incomunicado.


Existe un "personaje" por así llamarlo que nos atormenta y todavía así le llamamos necesario. Quise encarnarlo y pensar que es un individuo, un ente que atormenta a una persona y este al darse cuenta de su existencia e infortunio de lidiar con él se lamenta de una forma cruda. Al escribirlo sentí que me desahogué, espero que usted le coloque el nombre que desee y al leerlo se libere también.