miércoles, 14 de diciembre de 2022
Cansado de danzar en el espacio
jueves, 27 de enero de 2022
Tuve Covid. Mis errores y aciertos
Tipo de infección: Covid-19
Cepa: Ómicron
Fecha de auto
confinamiento: de 21/1/2022 a 04/2/2022
Paciente con enfermedad
autoinmune: Artritis Reumatoide
Sospecha de infección:
Trabajo. No hubo certeza científica
Antecedentes
Miércoles 12 a domingo
16 trabajo desde casa, no salí ni a la puerta.
El lunes 17 de enero
fuimos con mi esposa a administrarnos la vacuna de refuerzo a un centro de
vacunación. Lugar ventilado, poca afluencia de personas, todos los presentes
con mascarillas. Nosotros con mascarilla KN95, careta y con gel antibacterial. Regresamos a casa felices de tener el refuerzo aunque estábamos conscientes que la protección se completaría dentro de unos 20 días.
El contagio
Martes 18 de enero. Me tocaba ir a trabajar presencialmente. Como todos los martes, me levanté a regañadientes, porque tengo un trabajo de oficina, que consiste en revisar Proyectos de graduación, y que se comprobó en esta pandemia, se hace mejor desde casa.
Seguía quejándome con mi esposa del porqué debía viajar 56km para sentarme en una oficina a hacer lo mismo que hago en casa. ¿No te afeitaras? Me interrumpió mi esposa tratando de desviar el tema, pero yo estaba molesto y le dije que no. Ya llevaba dos semanas de no afeitarme y aunque sabía que con barba las mascarillas no sellan bien, decidí irme así.
Me coloqué una mascarilla quirúrgica nueva, el caso integral y me fui
en moto al trabajo. De hecho gocé el camino, no había
embotellamientos y el recorrido fue muy fluido, de hecho, no hice ningún
semáforo.
Al llegar al
estacionamiento del trabajo (sin gente alrededor y en lugar al aire libre) me
quite el casco y luego la mascarilla quirúrgica, la metí en una bolsa plástica para tirarla en
el primer basurero que encontrara.
Cuando iba a desinfectar el
casco me di cuenta que no llevaba el atomizador de alcohol etílico que suelo llevar, y tampoco llevaba la mascarilla que usaría de regreso. Por estar renegando los olvidé en casa.
Sabía que había cometido un error.
Con las manos sin
lavar, abrí la bolsa dónde se encontraba la mascarilla KN95 que iba a usar en
la oficina y me la coloqué en el rostro. Luego,
saqué la careta, me la coloqué y me dirigí a las instalaciones.
Dentro de las
instalaciones del trabajo, lo primero que hice fue pasar al baño a lavarme las
manos con jabón y agua. Con el codo saqué papel para limpiar mis manos y sin
tocar nada, tiré el papel en el lugar destinado, ya he ido tomando la maña de
cómo hacerlo.
En la oficina saludé a
la secretaria de lejos, me quité la careta y estuve buscando el lugar que a mi juicio estuviera más limpio para dejarla. Como no llevé el atomizador tuve que dejarla
donde pude. Tampoco pude rociar el escritorio, el teclado ni ratón (La
computadora es de uso común).
Al terminar la jornada
laboral, me coloqué nuevamente la careta (sin limpiarla) y salí de la oficina.
Pasé al baño y me lavé las manos con agua y jabón. Me topé con algunas personas
con las que solo compartimos un saludo, pero luego me encontré a una persona
con la que hable unos 20 minutos. Debo ser sincero, en algún momento de la
conversación, no respeté el distanciamiento de los 2 metros, pero me sentía seguro por portar mascarilla y careta. Al llegar al
estacionamiento sabía que no tenía mascarilla para manejar de regreso, así que solo
me ajusté la misma mascarilla KN95 que
usé en la oficina y me fui a casa.
Afortunadamente antes
de entrar a la casa, hay una pequeña bodega dónde tenemos por costumbre pasar a
desinfectarnos, así que sabía que ya al entrar a casa, estaba libre de virus, o
al menos eso era lo que yo creía.
Miércoles 19 y jueves
20 estuve sin síntomas.
Los primeros síntomas
Viernes 21 de enero.
Inicié clase a las 7:00 y sentí una molestia en la garganta, pero no le tomé
importancia asumiendo que se debió al esfuerzo que hice al hablar en clase. A
las 10:00 la pequeña molestia de la garganta se acompañó de un leve dolor de
cabeza. Le informé a mi esposa que sentía dos síntomas que pueden apuntar a
Covid, así que por precaución empecé a utilizar mascarilla, me alejé de la
familia y abrimos todas las ventanas de la casa para ventilar los ambientes.
Para las 15:00 el dolor de cabeza era marcado, el dolor de garganta empezó a
aumentar y se produce la primera tos. Tomé la decisión de auto aislarse en un
cuarto con baño propio como precaución.
Sábado 22 de enero. Me
desperté con fiebre y el dolor de garganta era más grande. Tenía tos y dolor de
cuerpo. Me coloqué una mascarilla KN95, careta y fui a dos centros de atención para hacerme una prueba de Covid
gratuita, pero los centros estaban saturados. Sin éxito y con un malestar muy
grande en el cuerpo, me comuniqué con un centro privado para hacer la prueba al
día siguiente. En la noche del sábado todos los síntomas están claramente
intensos. Estoy convencido de que tengo Covid. Busco información y por los
síntomas, apunta a la variante ómicron.
Para ese momento ya habían sonado todas las alarmas en casa. Afortunadamente los más de dos años de
pandemia y los covid psicológicos que todos los integrantes de la familia pasamos,
nos han enseñado qué hacer, por lo que el aislamiento mío y las precauciones de
parte de mi familia ya se están llevando a cabo: Desinfección y ventilación de ambientes, todos con mascarilla dentro de casa y yo completamente aislado. Recibiendo comida en platos desechables.
Domingo 23 de enero. Me levanto con fiebre, dolor de cuerpo, dolor de garganta, tos y un dolor de cabeza insoportable. Me voy a hacer el hisopado solo. Aunque mi esposa insistió en acompañarme, me negué para evitar el contagio.
El resultado es positivo.
Me comuniqué con
mi médico de confianza y me proporcionó los medicamentos a tomar. Me recomendó vigilar mi oxigenación y temperatura y avisarle si los síntomas empeoran.
Los días duros
Lunes 24 de enero. Debo
dar clases así que me levanto con fiebre y dolor de cuerpo, pero lo único que
puedo hacer es grabar un mensaje a mis estudiantes y vuelvo a dormirme. El día
transcurrió con ataques de tos, dolor intenso de garganta, dolor de cabeza,
secreción nasal y dolor intenso de cuerpo, muy intenso.
Para el medio día, tengo un dolor de cuerpo muy fuerte. Logro reconocer que junto al Covid, tengo una crisis de artritis reumatoide. Me es muy difícil estar de pie. Paso la
noche en vela.
Martes 25 de enero. El
dolor de cabeza es fuerte y el dolor de garganta está bajando, me siento
agradecido por eso, pero fatal por el dolor de cuerpo. En la noche no puedo respirar fácilmente, me
incorporo para tomarme la oxigenación y los niveles han bajado a 89 con una
frecuencia cardíaca de 128. Sé que debo hablar con mi médico, pero estoy
aturdido y me siento muy cansado así que asumo que me volví a dormir.
Miércoles 26 de enero.
Me despierto de golpe y asustado. De inmediato tomé la oxigenación y veo que tengo 91 y la frecuencia
ha bajado a 100 ya no sé si leí bien la noche anterior, si fue pesadilla o la
fiebre me jugó una mala pasada, pero sea como sea, me siento feliz de estar
vivo. Tomo la temperatura y estoy en 37.3 lo que para mí es una victoria. El
dolor de garganta ha bajado mucho y los ataques de tos ya no son tan
frecuentes. Aún tengo dolor de cuerpo, así que paso en cama todo el día.
Estoy preocupado por
los pendientes del trabajo, me siguen escribiendo y preguntando, pero no puedo contestar, me vuelvo a recostar y me dormí.
Se ve el horizonte
Jueves 27 a sábado 5 de febrero. Empiezo a dormir bien, la oxigenación y temperatura empieza a estabilizarse. Hay cansancio en las actividades que hago en mi aislamiento, pero considero que es el proceso de recuperación. Los ataques de tos son menos frecuentes y el ánimo empieza a subir.
La recuperación
Sábado 5 de febrero. Salgo del confinamiento y me hago un examen para determinar que salí negativo a Covid-19. Oficialmente la infección ha pasado.
La tos es cada vez menor, de hecho ya casi esporádica, la temperatura está normal y la oxigenación se mantiene a 94 con un promedio de 89 de ritmo cardíaco. Sin embargo, persiste el cansancio y en momentos siento una sensación de falta de aire. El médico dice que son efectos secundarios del Covid.
Las secuelas
Han pasado ya casi dos meses del episodio del Covid y a la fecha ya no hay tos, y solo a veces se siente ese cansancio que te recuerda que un día estuviste enfermo. De ahora en adelante solo queda hacer ejercicio, alimentarse bien y seguir con los cuidados de forma constante para no ceder en próximas variantes.
sábado, 1 de enero de 2022
martes, 7 de septiembre de 2021
Viejo Rockero
Corrían los años ochenta y el pequeño Arnulfo poco a poco iba dejando la niñez para entrar a la pubertad.
Para mi cumpleaños número once, mi papá decidió que ya era hora de hacerme un
regalo que no fuera un juguete, así que me hizo el primer regalo de adulto: Una
radio. Y yo, que nunca cuestionaba las decisiones de mis padres, lo acepté
agradecido.
Mi madre, en su inocencia y procurando asegurar la vida
eterna para su hijo, tomó la pequeña radio y la ubicó en la emisora cristiana
de la época. “esta será la música que escuchará de ahora en adelante” me dijo, y
yo, también lo acepté.
Poco a poco me fui acostumbrando a las melodías espirituales
memorables, a los cumpleañeros del día de hoy y a Luis Palau responde. Todos
aquellos programas me formaban y me llevaban por el camino que mis padres
consideraban correcto.
Pero como todo niño de once años, pronto me aburrí y una
noche, quité el adhesivo del dial y decidí buscar qué más había en ese radio.
Pasé por varias emisoras hasta que caí en una radio con un
locutor joven, lo que rápidamente me llamó mi atención.
El locutor anunciaba con entusiasmo a un nuevo grupo llamado
Iron Maiden, y que estrenaría la canción “el número de la bestia” escuché los
primeros acordes y con el escaso inglés que estaba aprendiendo en la escuela,
logre identificar algunas palabras, lo que provocó que entrara en pánico.
Regresé a la radio cristiana, volví a colocar el adhesivo y
me arrodillé a pedirle perdón a dios por aquello que había hecho.
A la mañana siguiente le conté a mi mamá y me dio la reprimenda
de mi vida “si no te portas bien, te echarás pronto a perder y arderás en el
infierno” me dijo.
Sin embargo, no sé porque, pero a la siguiente noche, volví
a buscar la radio que a mi madre tanto había alterado ¿qué música es esta que a
mi madre tanto asusta, qué dice acerca del diablo y de dios que yo no debiera
saber?
Así que mientras escuchaba la radio, y los ritmos se metían
en mi cabeza, el locutor anunció otro nuevo lanzamiento y me quedé atento, no,
no iba a tener miedo, escucharía qué tenían que decirme.
De pronto, el silencio fue destruido por completo por una
guitarra y un grito que estallaron en mi cerebro y que jamás podré olvidar…
Desde ese momento ya no hubo marcha atrás, decidí que esa
sería la música que escucharía por siempre y así lo fue hasta el día de hoy.
No, ya no regresé a ser el mismo, la música cambio mi ser, mi forma de pensar,
la música formó a la persona que soy hoy en día.
Y es que aquel encuentro con el Heavy metal mató al inocente
niño de aquel entonces y dejó a lo que hoy, 39 años después, algunos llaman, un
viejo rockero.
lunes, 9 de agosto de 2021
Extraordinario ser
Miserable ser
La soledad y la miseria atormentaban su existencia.
Su pasado le sumergía en el rencor y su presente le ahondaba en la envidia.
Su desgracia era tan grande que le había secado las lágrimas.
Los fines de semana eran oscuros y silenciosos.
Y ansiaba llegar al trabajo solo para borrar la sonrisa de los que lo rodeaban.
No gozaba con ello, pero el rechazo de las personas le hacían compañía.
lunes, 1 de marzo de 2021
La luna jugó conmigo
Me desperté muy temprano a luchar contra la muerte y mientras me enfrentaba a mi faena, entre la neblina vi que se asomaba la luna. Volví a verla, pero se ocultaba de mi, dejaba de verla y se mostraba semi radiante a mis espaldas. Sonreí y continué, pero ella me distraía, juguetona se mostraba y se ocultaba mientras yo me descuidaba.
El señor sol se despertó y se ocupó de rociar la distancia
con su luz, y entonces, la luna aprovechó para salir de su escondite y se
desnudó frente a mí. Su resplandor era intenso y su redondez era perfecta.
Me quedé extasiado ante semejante belleza.
Pero el señor sol se presentó, y ella no tuvo más remedio
que seguir su camino y yo, entendí que era el momento de encerrarme en las
cuatro paredes. Y así, mientras mis neuronas se electrifican para anunciar lo que
aprendí en el pasado, y por la ventana observo al señor sol reinar, no dejo de sonreír
pensando en la coqueta luna que hoy por la mañana jugó conmigo.
jueves, 8 de octubre de 2020
Así se ha escrito
Nos vimos y nuestros corazones se sincronizaron para palpitar al unísono.
Nuestras risas se fusionaron y nuestras almas hicieron el
amor en un arcoíris de estrellas y nubes.
Tú eras un regalo directo de los dioses para mi deleite. Y el
exhalar de tu respiración hacía que mi vida tuviera un sentido.
Con solo escuchar tu voz se derretían mis oídos y mi pasión
ardía de deseo con solo verte frente a mí.
Pero jamás te he besado.
Eres tan distante, como un sueño que ni en mil noches podré
alcanzar.
Y si un día me hablas, cortante me alejaré de tu lado.
Sufriendo, llorando.
Y es que así debe ser nuestro amor; Oculto, distante,
incógnito, efímero, irreal, ilógico.
Porque así se ha escrito.
Si nunca estás… Nunca te irás.
jueves, 1 de octubre de 2020
Solo
Hoy he vuelto a sentir al planeta más solo.
Y es que los planetas cada vez están más cerca, tan cerca
por el agujero negro, que el planeta se ve cada vez más solo.
Hoy he vuelto a sentir que mi país está más solo.
Y es que los países se están dando tanto la espalda, que mi
país, como siempre, se siente cada vez más solo.
Hoy he vuelto a sentir a la sociedad más sola.
Y es que cada día las personas están tan ensimismadas, que sin
sentirlo, la sociedad se siente cada vez más sola.
Hoy he visto a mi familia muy sola.
Y es que las familias están tan encerradas, con temor, que cada vez mi
familia se empieza a sentir más sola.
Ahora me he vuelto a sentir más solo.
Y es que tu ausencia se hace tan fuerte, tan intensa, que hoy
me he vuelto a sentir muy solo.
domingo, 16 de agosto de 2020
El teatro de los iguales
Desperté tras bambalinas de
un teatro enorme, un teatro viejo, que la verdad, no olía nada bien. Vi que en
el escenario habían muchas personas que se mecían con las cabezas abajo, sin
expresión, solo se mecían, como si fueran almas en pena. Todos vestían una
túnica blanca y en el cuello, unos grilletes con cadenas que se extendían a lo
alto y se perdían en la oscuridad.
Las cadenas eran distintas unas de otras; unas eran oxidadas, otras con grasa, otras de oro, otras de plata, con diamantes y otras, muy ornamentadas pero manchadas de estiércol. Me di cuenta que las cadenas estaban muy tensas y casi no les permitían a las personas estar de pie, solo de puntitas, por eso se mecían, apenas podían moverse con libertad. Vi al público que efusivo les aplaudía sin parar. Reían y se congraciaban con ellos, haciendo muestras de aprobación. Los aplausos eran tan fuertes que casi era ensordecedor.
Me di cuenta que yo tenía en mis manos dos cadenas nuevas con dos grilletes relucientes y frente a mí, mis hijos vestidos de blanco y muy inquietos, casi temerosos. Entendí que yo les debía colocar los grilletes y sacarlos al escenario, pero no estaba dispuesto a dejarlos pendiendo de una cadena sin casi moverse.
Recordé que yo conocía una puerta y con sigilosidad, pero presuroso, los tomé de la mano y los guié a la salida. Abrí la puerta y en la calle había muy pocas personas; caminaban despreocupados, se les veía tranquilos, sin problemas, en paz.
Les dije que salieran a caminar y que nunca volvieran a entrar al teatro, que solo debían caminar. Ellos me pidieron que los acompañara, pero al querer salir, el grillete de mi cuello me regresó con fuerza. Les sonreí y les expliqué la solución que había planificado, aunque todos sabíamos que simplemente, yo estaba mintiendo.
Aunque tenían lágrimas en sus ojos, al fin de cuentas los convencí de salir de ahí y cuando ellos salieron, la puerta se cerró y la perdí de vista, ya no pude ver dónde estaba la puerta de salida.
Las cadenas que tenía en mis manos poco a poco se empezaron a tensar y para que nadie se enterara que mis hijos habían escapado del teatro, me coloque una cadena en cada una de las muñecas de mis manos y salí al escenario. Todo el público me vio con la cadena estirando mi cuello, casi al borde de la asfixia, y las cadenas que me obligaban a tener los brazos en alto. Ellos inmediatamente aplaudieron al unísono; unos aplaudieron de pie, otros aplaudían fuertemente, y otros me admiraban.
Vi entre el público a mi esposa, pero ella aplaudía a otra persona en el escenario; Estaba como ausente, aplaudiendo y admirando a alguien más ¿Por qué estaba entre el público, por qué no estaba en el escenario? Pero pronto me di cuenta que ni ella, ni el público, ni los iguales del escenario se habían dado cuenta de la ausencia de mis hijos, nadie había notado que ellos habían escapado. Me di cuenta que había tenido éxito en algo, había logrado liberar a mis hijos.
Me empezaron a doler las muñecas por la tensión de las cadenas y entonces entendí el porqué de mi artritis. Me dolió el cuerpo y entendí por qué yo estaba en el escenario, todo era por la libertad de mis hijos, no importaba que yo me quedara con los iguales y mi esposa en el público, si ese era nuestro papel, que así fuera, todo valdría la pena, si mis hijos ahora caminaban fuera del teatro.
Y ahí me quedé, riendo a carcajadas, con la luces sobre mí, entreteniendo al público, siendo parte de los iguales, por toda la eternidad, danzando, actuando, perdido entre todos, sin importarme nada, porque todo había valido la pena, yo moriría en el teatro de los iguales, y mis hijos vivirían siendo libres.