domingo, 16 de diciembre de 2018

Sonrisas y obsequios


La vio cuando cruzaba la calle y se deslumbró por su belleza, pero más aún, se deslumbró por el auto en el que ella se conducía.

Procuró hablarle y luego procuró conquistarla, y ella, se dejó conquistar.

Vivieron mil aventuras y noches de pasión, ella le compraba grandes obsequios y él se dedicaba a sacarle una sonrisa.

Pasaron uno, dos, quince, veinte, cincuenta años, y él, seguía sacándole sonrisas, mientras ella pagaba los gastos del hogar.

Pero el ocaso llegó, y cuando ella murió se leyó su testamento: Toda su fortuna se la había dejado a su sobrino, sí, aquel borracho que malgastaba todo lo que se le atravesara a su paso. Sin explicaciones, sin excusas, sin argumentos, ahora, todo era para él.

El funeral fue ostentoso y fue enterrada con los de su sangre. Y él, se quedó solo y sin nada.

Ahora, en ese asilo de la caridad, al compás de un viejo reloj, mientras prepara su cama, él se pregunta si valió la pena cruzarse la calle.

No hay comentarios: