martes, 19 de febrero de 2019

La gente


De niño me gustó el Rock and Roll y eso a la gente, no le gustó.

De adolescente leí y pregunté y a la gente, no le gustó.

De joven perdí la fe y seguro que eso a la gente, no le gustó.

Un día por fin encontré el amor, pero a la gente, ella, no le gustó.

Sin planearlo tuvimos hijos, y como era de esperarse, a la gente, no le gustó.

Dejé de trabajar en la corporación y me dediqué a la docencia, y eso a la gente, tampoco le gustó.

Dejé de consumir y me vestí del mismo color y a la gente, no le gustó.

Escapé de la ciudad y me fui a vivir a un pueblo y eso a la gente, no le gustó.

Viví, lloré, reí y gocé, y a la gente, no le gustó.

Ahora escribo estas líneas siendo feliz, pero mi felicidad a la gente, no le gustó.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Noche sin sueño

No sé cuantas noches son, pero como siempre, tu ausencia se lleva consigo mi sueño. 

Pero no me molesta, porque hoy, como otras noches, pasaré en vela pensando en ti.

Noche sin luna

Y tu ahí, hermosa como siempre. Brillando ante mis ojos; Impecable, bella, sobre saliendo entre los demás. Cómo si fueras la única estrella brillando en una noche sin luna.

Y yo aquí, en silencio como siempre. Significante ante tus ojos; invisible, ignorado, perdido entre los demás.
Cómo si fuera un náufrago en una noche sin luna.

Y el amor allá, indiferente como siempre. Brillando por su ausencia; divagando, distraído, sin importarle los demás. Cómo si solo fueran una noche sin luna.

jueves, 31 de enero de 2019

Efímero poema de un flotante en la ciudad


Pasé fugaz por las filas de autos grises y gente fastidiada por la desilusión.

Inmersos en su soledad, se quejaban de la vida y execraban a su alrededor.

Uno de ellos, alzó la voz y maldijo mi existir.

Pero yo no me enteré.

Porque para ese momento, tres corazones le habían borraron de mi ser.

lunes, 21 de enero de 2019

El diente de león y la Gitana

Nace como un arbusto diferente que contrasta con el césped a su alrededor, sí, diferente igual que tú.

Luego, tímidamente va levantando al viento un capullo muy interesante, sí, tímida e interesante igual que tú.

Y en el esplendor de su juventud, despliega ese amarillo intenso único en su género. Su flor es muy hermosa, Sí, tan hermosa igual que tú.

Y al terminar su resplandor, se repliega y contrae como si estuviera sufriendo, sí, sufriendo igual que tú.

Pero el sufrimiento pasa, y en una segunda etapa, resurge con esa belleza exótica que la renueva por completo, sí, renovada igual que tú.

Hasta Vencer

No te miento, sólo con decir tu nombre nos tomamos de la mano y temimos.

Y tú, reías a carcajadas mientras contaminabas su interior con tu maldito veneno.

Pero nosotros decidimos plantarte cara y luchar.

Ella cayó herida porque tu primer golpe fue duro. Pero le ayudé a levantarse y siguió luchando.

Jugaste muy bien, porque sabías que el segundo golpe le dolería. Pero no cantabas con algo, y es que nuestro amor es mucho más duro que un par de cabellos.

La tiraste cuatro veces y cuando estaba a punto de rendirse encontramos más armas para pelear y entonces, se levantó con veinticuatro manos para pelear. La golpeaste nueve veces más, pero ahora, nosotros, como una legión, resistimos el ataque.

Te enfureciste como nunca y tu último intento fue grotesco. Lo reconozco, nos lograste sacar una lágrima, pero te informo que la vida late en el corazón, y no en músculo por encima de él.

No triunfarás, lucharemos hasta vencer.

Más hermosa que nunca


Y ahí estabas; Indefensa, llorando, herida.
Pero, por alguna razón, te veía más hermosa que nunca.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Sonrisas y obsequios


La vio cuando cruzaba la calle y se deslumbró por su belleza, pero más aún, se deslumbró por el auto en el que ella se conducía.

Procuró hablarle y luego procuró conquistarla, y ella, se dejó conquistar.

Vivieron mil aventuras y noches de pasión, ella le compraba grandes obsequios y él se dedicaba a sacarle una sonrisa.

Pasaron uno, dos, quince, veinte, cincuenta años, y él, seguía sacándole sonrisas, mientras ella pagaba los gastos del hogar.

Pero el ocaso llegó, y cuando ella murió se leyó su testamento: Toda su fortuna se la había dejado a su sobrino, sí, aquel borracho que malgastaba todo lo que se le atravesara a su paso. Sin explicaciones, sin excusas, sin argumentos, ahora, todo era para él.

El funeral fue ostentoso y fue enterrada con los de su sangre. Y él, se quedó solo y sin nada.

Ahora, en ese asilo de la caridad, al compás de un viejo reloj, mientras prepara su cama, él se pregunta si valió la pena cruzarse la calle.

La muerte de los amantes

Y al final, el odiante morirá odiando y los amantes morirán amando.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Inmerso en el bosque

En una peculiar cafetería, que a su espalda tenía el bosque y a su rostro la ciudad, se encontraba un grupo de desconocidos tratando saciar su hambre. O al menos, eso intentaban hacer.

Al centro del lugar, como queriendo llamar la atención, un grupo de jóvenes estrenando libertad, elevaban la voz, y recitando todas aquellas palabras que un día les prohibieron en casa, se preocupaban por saber cómo transportarse el fin de semana al bar de moda para emborracharse.

A un lado, se encontraban unos ejecutivos que apurados, literalmente tragaban su comida. Hacían llamadas telefónicas y anotaban números en sus computadoras. Uno de ellos interrumpió su almuerzo por atender un negocio.

Del otro lado, unos oficinistas aceleraban los mordiscos para terminar su faena justo antes que el reloj marcara su hora de retorno al edificio contiguo. 

Y al fondo, estaba aquel hombre solitario. Se le notaba calmo y apacible; Inclinado hacia la ventana, comiendo despacio y sin apuros. Parecía que su mirada se perdía en el bosque, posiblemente, añorando estar inmerso en él, saboreando un café y respirando el aroma de su amada.