lunes, 9 de agosto de 2021
Extraordinario ser
Miserable ser
La soledad y la miseria atormentaban su existencia.
Su pasado le sumergía en el rencor y su presente le ahondaba en la envidia.
Su desgracia era tan grande que le había secado las lágrimas.
Los fines de semana eran oscuros y silenciosos.
Y ansiaba llegar al trabajo solo para borrar la sonrisa de los que lo rodeaban.
No gozaba con ello, pero el rechazo de las personas le hacían compañía.
lunes, 1 de marzo de 2021
La luna jugó conmigo
Me desperté muy temprano a luchar contra la muerte y mientras me enfrentaba a mi faena, entre la neblina vi que se asomaba la luna. Volví a verla, pero se ocultaba de mi, dejaba de verla y se mostraba semi radiante a mis espaldas. Sonreí y continué, pero ella me distraía, juguetona se mostraba y se ocultaba mientras yo me descuidaba.
El señor sol se despertó y se ocupó de rociar la distancia
con su luz, y entonces, la luna aprovechó para salir de su escondite y se
desnudó frente a mí. Su resplandor era intenso y su redondez era perfecta.
Me quedé extasiado ante semejante belleza.
Pero el señor sol se presentó, y ella no tuvo más remedio
que seguir su camino y yo, entendí que era el momento de encerrarme en las
cuatro paredes. Y así, mientras mis neuronas se electrifican para anunciar lo que
aprendí en el pasado, y por la ventana observo al señor sol reinar, no dejo de sonreír
pensando en la coqueta luna que hoy por la mañana jugó conmigo.
jueves, 8 de octubre de 2020
Así se ha escrito
Nos vimos y nuestros corazones se sincronizaron para palpitar al unísono.
Nuestras risas se fusionaron y nuestras almas hicieron el
amor en un arcoíris de estrellas y nubes.
Tú eras un regalo directo de los dioses para mi deleite. Y el
exhalar de tu respiración hacía que mi vida tuviera un sentido.
Con solo escuchar tu voz se derretían mis oídos y mi pasión
ardía de deseo con solo verte frente a mí.
Pero jamás te he besado.
Eres tan distante, como un sueño que ni en mil noches podré
alcanzar.
Y si un día me hablas, cortante me alejaré de tu lado.
Sufriendo, llorando.
Y es que así debe ser nuestro amor; Oculto, distante,
incógnito, efímero, irreal, ilógico.
Porque así se ha escrito.
Si nunca estás… Nunca te irás.
jueves, 1 de octubre de 2020
Solo
Hoy he vuelto a sentir al planeta más solo.
Y es que los planetas cada vez están más cerca, tan cerca
por el agujero negro, que el planeta se ve cada vez más solo.
Hoy he vuelto a sentir que mi país está más solo.
Y es que los países se están dando tanto la espalda, que mi
país, como siempre, se siente cada vez más solo.
Hoy he vuelto a sentir a la sociedad más sola.
Y es que cada día las personas están tan ensimismadas, que sin
sentirlo, la sociedad se siente cada vez más sola.
Hoy he visto a mi familia muy sola.
Y es que las familias están tan encerradas, con temor, que cada vez mi
familia se empieza a sentir más sola.
Ahora me he vuelto a sentir más solo.
Y es que tu ausencia se hace tan fuerte, tan intensa, que hoy
me he vuelto a sentir muy solo.
domingo, 16 de agosto de 2020
El teatro de los iguales
Desperté tras bambalinas de
un teatro enorme, un teatro viejo, que la verdad, no olía nada bien. Vi que en
el escenario habían muchas personas que se mecían con las cabezas abajo, sin
expresión, solo se mecían, como si fueran almas en pena. Todos vestían una
túnica blanca y en el cuello, unos grilletes con cadenas que se extendían a lo
alto y se perdían en la oscuridad.
Las cadenas eran distintas unas de otras; unas eran oxidadas, otras con grasa, otras de oro, otras de plata, con diamantes y otras, muy ornamentadas pero manchadas de estiércol. Me di cuenta que las cadenas estaban muy tensas y casi no les permitían a las personas estar de pie, solo de puntitas, por eso se mecían, apenas podían moverse con libertad. Vi al público que efusivo les aplaudía sin parar. Reían y se congraciaban con ellos, haciendo muestras de aprobación. Los aplausos eran tan fuertes que casi era ensordecedor.
Me di cuenta que yo tenía en mis manos dos cadenas nuevas con dos grilletes relucientes y frente a mí, mis hijos vestidos de blanco y muy inquietos, casi temerosos. Entendí que yo les debía colocar los grilletes y sacarlos al escenario, pero no estaba dispuesto a dejarlos pendiendo de una cadena sin casi moverse.
Recordé que yo conocía una puerta y con sigilosidad, pero presuroso, los tomé de la mano y los guié a la salida. Abrí la puerta y en la calle había muy pocas personas; caminaban despreocupados, se les veía tranquilos, sin problemas, en paz.
Les dije que salieran a caminar y que nunca volvieran a entrar al teatro, que solo debían caminar. Ellos me pidieron que los acompañara, pero al querer salir, el grillete de mi cuello me regresó con fuerza. Les sonreí y les expliqué la solución que había planificado, aunque todos sabíamos que simplemente, yo estaba mintiendo.
Aunque tenían lágrimas en sus ojos, al fin de cuentas los convencí de salir de ahí y cuando ellos salieron, la puerta se cerró y la perdí de vista, ya no pude ver dónde estaba la puerta de salida.
Las cadenas que tenía en mis manos poco a poco se empezaron a tensar y para que nadie se enterara que mis hijos habían escapado del teatro, me coloque una cadena en cada una de las muñecas de mis manos y salí al escenario. Todo el público me vio con la cadena estirando mi cuello, casi al borde de la asfixia, y las cadenas que me obligaban a tener los brazos en alto. Ellos inmediatamente aplaudieron al unísono; unos aplaudieron de pie, otros aplaudían fuertemente, y otros me admiraban.
Vi entre el público a mi esposa, pero ella aplaudía a otra persona en el escenario; Estaba como ausente, aplaudiendo y admirando a alguien más ¿Por qué estaba entre el público, por qué no estaba en el escenario? Pero pronto me di cuenta que ni ella, ni el público, ni los iguales del escenario se habían dado cuenta de la ausencia de mis hijos, nadie había notado que ellos habían escapado. Me di cuenta que había tenido éxito en algo, había logrado liberar a mis hijos.
Me empezaron a doler las muñecas por la tensión de las cadenas y entonces entendí el porqué de mi artritis. Me dolió el cuerpo y entendí por qué yo estaba en el escenario, todo era por la libertad de mis hijos, no importaba que yo me quedara con los iguales y mi esposa en el público, si ese era nuestro papel, que así fuera, todo valdría la pena, si mis hijos ahora caminaban fuera del teatro.
Y ahí me quedé, riendo a carcajadas, con la luces sobre mí, entreteniendo al público, siendo parte de los iguales, por toda la eternidad, danzando, actuando, perdido entre todos, sin importarme nada, porque todo había valido la pena, yo moriría en el teatro de los iguales, y mis hijos vivirían siendo libres.
sábado, 28 de marzo de 2020
Realidad
martes, 3 de marzo de 2020
Vudú
¿Algún día te convertirás en pasado?
viernes, 11 de octubre de 2019
Red social
Estaba viendo un video de amigos borrachos, cuando de pronto, ahí estaba: una hermosa moto que a mí me gustaría montar; Cromada, alucinante, deseable. El precio era atractivo aunque muy alto, pero, el engaño decía que si les vendía mi alma, podría obtenerla en módicas cuotas.
Mi entusiasmo se aceleró, pero un par de análisis políticos más abajo, estaba un hermoso auto compacto al mismo precio.
Mi deseo se confundió, pero el acoso llegó a salvarme, diciéndome que por un par de años más de esfuerzo, podría tener ese auto de aspecto elegante que me haría ver como todo un campeón. Efectivamente, si me endeudaba con ellos durante unos años, las personas me admirarían durante un par de días.
Ya estaba ilusionado con el auto nuevo, cuando pasando por alto a unos expertos en filosofía y literatura, se me atravesó la tienda de ropa que me decía que con el auto nuevo, debía vestirme para la ocasión: Un hermoso atuendo elegante que delinearía mi pálida y regordeta piel.
De esos atuendos que usa la gente guapa que come sushi con licores exóticos en la azotea de un edificio de moda y se toma fotos en el “Gym”.
Empecé a hacer mi pedido, cuando tres fotos de tetas más abajo encontré el reloj perfecto que cerraría el conjunto: Por mucho menos de una fracción del auto, podría tener un hermoso reloj con mucho brillo y cuero. ¡Vaya! ese era el reloj que debía comprar.
En mi mente giraban todos aquellos accesorios con los que me podría tomar mil fotos para subirlas a esa estúpida red, cuando de pronto, unas fotos de cafés descafeinados más abajo, se cruzaron unos hermosos zapatos de moda, la invitación a un restaurante hipster y la ida a una playa de ensueño, todo por poco menos de siete años de mi salario.
Mi corazón latió muy fuerte y en un ciego frenesí consumista ¡lo hice todo! Todo lo que vi me lo compré.
Y les juro que por un par de días, sentí que era feliz.
Pero, al final de cuentas, terminé yendo a ver la película que todos vieron, comí la porquería que todos comieron, bebí lo que las fotos decían que había que beber, viajé en el mismo auto que todos, me vestí igual todos, y subí las mismas fotos enseñando mi cuerpo. Si, hice todas las estupideces que todo mundo hace; todo para parecer original en esa absurda red. Efectivamente, endeudé hasta el culo por un par de “likes”.
Ahora, preso en esta oscura y gris oficina, veo mi desgracia pasar a través de la pantalla de ese nuevo teléfono que compré ayer, y recuerdo esos pocos días de ensueño, haciendo horas extras, trabajando hasta los fines de semana, esperando que se me pase la vida para pagar mis deudas.
Eso sí, mañana, cuando pague la tercera cuota del auto, preguntaré por el nuevo modelo, ese que tiene un botón más. Y es que valdrá la pena trabajar horas extras durante toda mi vida, si puedo conseguir tres corazones extras en esta absorbente red social, que tanto daño me hace.