miércoles, 6 de julio de 2016

Cosas

Acumuló cosas y todos le aplaudieron. Se sentía entusiasmado y se esforzó por tener más cosas.

Cuando encontró el amor, hizo el mejor sacrificio que él jamás pensó: Le regaló cosas.

Pero, para su infortunio, ella no quería cosas, ella quería momentos.

Y como era de esperarse, pasado un tiempo, terminaron.

Ella continuó en la vida disfrutando cada instante que ésta le regalara, y él, vivió mortificado por las cosas que regaló y que ya no pudo recuperar.

Grotesca marea

En medio de esa oscura tormenta se encontraba ese pescador viejo y cansado, sosteniendo con fuerza sus dos barcazas que con tanto esfuerzo había logrado obtener. El muelle estaba a punto de ceder y las sogas le quemaban las manos. El viento soplaba con fuerza y adentraba las barcazas al mar, pero él, con todas sus fuerzas las sostenía. No quería dejarlas ir, eran sus tesoros.

Cuando la tormenta se hizo feroz, los demás pescadores desde la orilla le gritaron que dejara ir una de las barcazas y rescatara solo una, pero él seguía luchando con el mar, él no quería perder sus posiciones, aunque sabía muy bien que debía soltar una.

No soltó ni una barcaza.

El mar se hizo más violento y en grotesca marea arrastró con fuerza las barcazas hacia adentro del mar arrancando ambos brazos de aquel viejo.

Los pescadores le vieron de lejos gritar y retorcerse en el muelle mientras también éste era destruido por la tormenta.

Hoy, dos años después, los pescadores trabajan en paz en unas rudimentarias barcazas y recuerdan a los más jóvenes la importancia de ser sensatos en las decisiones que tomen en el futuro.

Vacío

Y cuando pensaban que estaban cerca de llegar a la cima, ella se tropezó y cayó varios metros a bajo. 

Su compañera, con determinación y firmeza tomó la cuerda y le gritó enérgicamente que no se rindiera, que podía lograrlo, podría subir. Ella tomó fuerzas y empezó a subir, poco a poco, animada por el entusiasmo de su compañera.

La alcanzó y agitada le sonrió invitándole a continuar su ascenso con la mirada. 

Pero pudo darse cuenta que su compañera tenía la mirada perdida hacia la nada.

Se dejó caer. 

Ella intentó animarla a subir y continuar en la escalada, así como su compañera le había animado. Le gritaba y agitaba con fuerza la cuera que la sostenía por la espalda, pero su compañera no reaccionaba. Seguía viendo fijamente hacia el vacío. 

Dudaba el querer seguir ascendiendo. Dudaba en regresar al punto de partida.

Nunca se supo si llegaron a la cima o murieron en el vacío. 

domingo, 3 de julio de 2016

Inmerso en la bruma

En soledad, bajo las luces tenues de una calle de pueblo, inmerso en la bruma, se encontraba sentado observando la calle humedecida tomando una tasa de café. En ese momento sintió que vencía mil batallas, que era inmortal.

Dijo el cantor

Y el cantor dijo: "Si existieran más personas como tú, este seria un mundo mejor"

Siete enigmas

¿Cuánto oro bastará para poder recompensarte? Lo sé, no te interesa el dinero.

No deseas cosas, quieres momentos, no quieres presentes, quieres instantes.

Y yo lo se muy bien, porque dejaste todo lo que perseguías por quedarte al lado de ese tipo enredado.

Y todo lo hiciste bien, desde el inicio: Desde el momento que sacaste ese pequeño trozo de papel que desencadenó toda una historia.

Ahora, adornada con los detalles del tiempo vuelves a ver hacia atrás y sonríes sabiendo que tu esfuerzo valió la pena.

Si existe la vida eterna, si hay algo más allá de los umbrales de la muerte, seguramente tu estarás ahí siendo recibida por los corazones latentes que tanto anhelas ver.

Por todo eso es que son veintiocho razones con siete enigmas los que adornan las cuarenta y dos columnas de tu hogar.

Día gris.

Hoy el día está gris. y mi alma llora con él.

Siete minutos.

Su meta terminaba en siete minutos. Siente minutos agónicos, que no terminaban, que se detenían en el tiempo, que se burlaban de él. Pero el tiempo es implacable y aunque él lo sintió eterno, la hora llegó y el tiempo se terminó. Todo estaba hecho.

Cantor

Las campanas de viento sonaron y su melodía inspiró al cantor que, entre llanto y dolor, creó un verso que con el tiempo, los amantes se dedicaron sin saber la procedencia de su contendido.

Reía a carcajadas

No amaba, no se entregaba por amor, exigía ser amada en los momentos que ella quería sentir. Se encaprichó. Disfrutaba el momento y decía las cosas más lindas que nadie pudiera escuchar, pero solo cuando no estaba entretenida en otras cosas. Reía a carcajadas y luego lloraba según fuera su antojo. Al final, pasados los años, se lamentó en soledad y se lamió las heridas en público, pero nadie la tomó en serio. Su fin no fue divertido.